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Mostrando entradas de junio, 2026

Éstos son, aquí están

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Junio vuelve a vestirse de colores. Y no es porque las marcas hayan descubierto súbitamente el amor  ni porque la igualdad sea, de pronto, marketera.  Junio se sigue pintando de orgullo porque todavía hace falta. Mucha falta. Porque mientras en algunos países se celebran conquistas que costaron décadas de lucha, en otros se recortan derechos, en un tris. Como si la dignidad fuera negociable. Como si existir necesitara de algún permiso o sello. Como si amar fuera un delito (nos lo canta el famoso vals El plebeyo, en otro contexto). Vuelvo a escribir sobre el tema ¡como cada año! (ver: https://prosatiradaalmar.blogspot.com/2021/06/el-fin-del-mundo-parte-ii.html https://prosatiradaalmar.blogspot.com/2024/06/el-fin-del-mundo-parte-3.html). Aquí están ¡otra vez!   RESISTIENDO.  RECORDANDO.  VIVIENDO.  Porque el orgullo nunca fue una fiesta; la fiesta fue el premio por seguir de pie. Por elegir el amor. Resulta curioso que haya quienes se sientan...

Papá sin libreto

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Hace tres meses casi lo pierdo. A él. Al padre de mis hijas. Al hombre que lleva casi cuarenta años ocupándose de esas cosas invisibles que sostienen una familia mientras todos andamos demasiado ocupados viviendo como para notar el desgaste, el andar pausado, la vida que, al menor descuido, puede escurrirse de las manos.   Y de pronto, el mundo se detuvo. Porque uno cree que los padres están ahí para siempre. También crees que tu pareja es eterna. Que siempre habrá tiempo para otra conversación, para otro consejo no solicitado, para otra discusión sobre cómo hacer las cosas correctamente. Para un pleito más sobre política.   Hasta que la vida te recuerda de golpe que no viene con garantías y que el reloj, ese horrible aparatito del que estamos pendientes, no deja de avanzar.   Mi propio padre se fue hace cuatro años. Pensé que ya había aprendido la lección sobre las despedidas. Sobre el dolor. Sobre la pérdida. Pues, resulta que no. ¡La vida es gen...

El fin del mundo

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Existe una tradición democrática tan antigua como las mismas elecciones: despertarte al día siguiente convencido de que el país ha perdido completamente la cabeza. Cada proceso electoral deja dos grupos bien definidos. Los que celebran como si hubieran ganado el Mundial y los que miran los resultados preguntándose si por error se han publicado  datos de otro planeta. Si estás en el segundo grupo, probablemente hayas pasado por las etapas habituales: incredulidad, rabia, discusión en redes sociales, resignación y, finalmente, cansancio y pesimismo. Lo curioso es que cada elección produce exactamente la misma reacción, sin importar quién gane. La mitad del país cree que acaba de comenzar la era dorada. La otra mitad está convencida de que estamos al borde del apocalipsis.  Muchos descubren cada cinco años que la democracia incluye a otras personas.  Uno estudia propuestas, lee los resúmenes de los  planes de gobierno, escucha debates y llega a la conclusión de qu...