Mis salvavidas
Dicen que uno nace, se hace y muere solo. Independiente. Autosuficiente. Mentira. Una se hace —y se sostiene— en red. En esa trama invisible de amigas que te recuerdan quién eres cuando ni tú lo sabes. La amistad es ese andamio que no sale en las fotos de Instagram pero que sostiene tu edificio entero. Como he visto que sucede en esa autopista subterránea madrileña sin fin: kilómetros de túneles por donde circulan todas las emociones, los audios eternos, los memes terapéuticos y el infaltable “¿llegaste bien?” cuando se te hizo tarde. Digamos que es la ingeniería del afecto. Tengo mi grupo de amigas traductoras, que ayudan a convertir catástrofes personales, en versiones comprensibles... aunque casi ninguna traduzca una línea, por vocación propia. Estoy segura que si el mundo me hablase en inglés hostil, ellas subtitularían la tragedia y me la devolverían con notas a pie de página, con toditas las explicaciones necesarias. Tengo a mis amigos literarios, con...