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Pilar 1, Pilar 2

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Mis dos pilares, esas columnas que me han sostenido tal cual —gorda y pesada, preguntona y eléctrica— están malitas. No se han erosionado al punto de derrumbarse, pero ha bastado que ingrese algo de humedad para que se rajen. Les empiezan a doler, aunque sea un poquito, los años. Se sienten mal. Puedo hacer un paralelo entre ellos, aunque se lleven cuatro décadas de distancia.  El cuerpo es sabio: te habla y, si te haces el sordo, te grita. No siempre hacemos caso a las señales porque seguimos sintiéndonos fuertes, poderosos y jóvenes. Pero, aunque nuestra cáscara —con cremas antienvejecimiento— pretenda hacernos sentir de menos edad, es el calendario, con todos los años transcurridos, el que manda. No hay manera de saltearnos meses o de contarlos de tres en tres. No podemos borrar de un tachón un pedazo de vida ya vivida. Créanme.  He aprendido un par de cositas en esta malhadada semana. El cerebro se empieza a reducir pasada nuestra pila de años… No significa vo...

Mujeres de marzo

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El 8 de marzo no es un día de flores (aunque a mamá no le falten), es un día de memoria. Y la memoria, ya sabemos, incomoda más que cualquier cartel morado. El Día Internacional de la Mujer no nació para celebrar que “somos especiales” (gracias, pero no). Nació de huelgas, de obreras textiles que exigían salario digno y horarios humanos cuando lo humano era un lujo. Nació del derecho a votar, a estudiar, a decidir, a no pedir permiso por existir. A abrir una cuenta bancaria con tu nombre. No es una fecha para regalar chocolates... aunque ¡me encantan! es una fecha para recordar que los derechos nunca fueron una cortesía sino una tremenda conquista. En el Perú tenemos mujeres que no pidieron silla: la arrastraron y se sentaron igual:  Micaela Bastidas, estratega aguerrida y brillante a la que la historia intentó reducir a “esposa de”.  Clorinda Matto de Turner, que escribió cuando escribir siendo mujer era un acto de rebeldía pública.  María Elena Moyano, que e...

La vida es una tómbola

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Hay un momento en la vida adulta en el que uno descubre que la verdadera trama de las conversaciones ya no es el cine, el enésimo presidente o el último libro leído por mis Escritores de miércoles. No. El tema universal alrededor del tercer acto de nuestra vida es el  médico. Y esta semana, como si el destino quisiera aportarme material fresquito al vadenecum que  vamos escribiendo sin querer queriendo, le tocó el turno a mi consuerte: operación. Palabra cortita, pero con tremenda capacidad  para activar nuestra maquinaria mental que pasa del no es nada al puede ser grave ,  en menos de un minuto. La medicina moderna tiene algo de ciencia exacta y algo de ritual antiguo. Uno llega a la clínica con una mezcla curiosa de confianza en la tecnología y miedo ancestral. Todo está impecablemente organizado: formularios, pulseras roja, amarilla y blanca, firmas, más firmas,  consentimientos informados que básicamente te dicen que todo puede salir bien… o ...

Mis salvavidas

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Dicen que uno nace, se hace y muere solo. Independiente. Autosuficiente. Mentira.  Una se hace —y se sostiene— en red. En esa trama invisible de amigas que te recuerdan quién eres cuando ni tú lo sabes. La amistad es ese andamio que no sale en las fotos de Instagram pero que sostiene tu edificio entero. Como he visto que sucede en esa autopista subterránea madrileña sin fin:  kilómetros de túneles por donde circulan todas las emociones, los audios eternos, los memes terapéuticos y el infaltable “¿llegaste bien?” cuando se te hizo tarde. Digamos que es la ingeniería del afecto. Tengo mi grupo de amigas traductoras, que ayudan a convertir  catástrofes personales, en versiones comprensibles... aunque casi ninguna traduzca una línea, por vocación propia. Estoy segura que si el mundo me hablase en inglés hostil, ellas subtitularían la tragedia y me la devolverían con notas a pie de página, con toditas las explicaciones necesarias. Tengo a mis amigos literarios, con...

El conejo de la suerte

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El Super Bowl no es solo un partido con harto rating. Tiene himnos, banderas y el consenso tácito de la audiencia sobre cómo debe sonar y sentirse el espectáculo, pasando inclusive por el cantante que debe/no debe ser invitado. Por eso, la presentación de Bad Bunny fue menos un show musical y más un golpe para el establishment: no gritó, no rompió nada, no incendió el escenario. Hizo algo peor: no se adaptó.   Las reacciones han llegado en tiempo real, como corresponde a tremendo show. “No se le entiende”, “¿por qué canta en español?”, "¿por qué se agarra la entrepierna?", “esto no es el Super Bowl de siempre”. Quizás les irrite que un marroncito ingrese a su casa, sin sacarse los zapatos y hablando en español -horror de horrores. Les incomoda que se mencione a USA como un país más de la lista de nuestro continente, desde Canadá hasta Argentina. I ´m American...¿de dónde?...    Bad Bunny apareció sin intención de gustar, con canciones en español que...

Con M de maja

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Madrid  es excesiva,  contradictoria y encantadora.  Puede ser ruidosa y alguito caótica.  Pero también es generosa y súper viva. Con terrazas siempre llenas y vibrantes. ¡Qué importa que llueva como ducha o que caiga nieve y haga un frío de los mil diablos! Todo se soluciona con un chocolate caliente bien espeso, con una caña bien helada o si prefieres con una copa de buen tinto, al mismo precio que una Coca-Cola.  Madrid es una ciudad que se explica mejor caminándola. He andado, en promedio, 20 mil pasos diarios, con tranquilidad, sintiéndome segura...no nos emocionemos: no he bajado un gramo por culpa del jamón serrano, de las croquetas y los churros... paro de contar. He ido en auto con mi hija que se desenvuelve a las mil maravillas y que entiende dónde estacionar por colores y cómo pagar.  He subido al Metro, ordenado y puntual. También he viajado en Uber, perfumado, seguro y económico...si no lo traduzco a soles... He admirado...

Crónicas reales

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Tengo que escribirlo ya, porque si espero  mi regreso a casa no recordaré ni por dónde anduve. La memoria también se cansa de tanta piedra ilustre.  Aun cuando soy contraria a las realezas, he visitado y me he quedado entre bizca y ciega por la magnificencia, por el brillo, por ese lujo decadente y por el desborde inútil de opulencia. El exceso me irrita, pero también me hipnotiza.  Los Palacios Reales de Madrid (varios diseñados por el arquitecto Sabatini) te hablan de poder y te lo restriegan en la cara. Te hablan de arte y de memoria colectiva… excepto de la mía, que se distrae con una cornisa, se pierde en un techo y se acuerda de cosas que no estaban en el guion. Ingresé al primer palacio real sabiendo que habría excesos, silencios opresivos, descripciones interminables, salones y jardines escritos en mayúsculas. ¡Me quedé corta! Yo, ilusa, que pensaba que después de Versalles lo había visto todo... Los palacios de Madrid no se recorren: se leen. Son un mismo...