Historia sin final
Hay despedidas para las que nunca estamos preparados. No importa la ruma de años que tengamos: cuando se va mamá, algo dentro de nosotros cambia para siempre. Hoy me toca despedir a Blanquita aun cuando creía que era inmortal. Y no encuentro palabras suficientes para expresar lo que siento, ni para agradecerle todo lo que fue, todo lo que me dio y todo lo que seguirá siendo en mi vida. Muchos de ustedes la conocieron a través de mi blog. En estas páginas que, en los últimos años, han sido mi espacio íntimo para compartir pensamientos o recuerdos, también hubo un lugar enorme para ella. Recién he podido notar cuánto llegaron a conocerla a través de mis anécdotas; de esas pequeñas historias cotidianas que, sin proponérselo, terminan convirtiéndose en memoria. Y así, sin que ella lo supiera, mi Blanquita también se hizo tantito, parte de sus vidas. Por eso, hoy no quiero guardar esta despedida solamente para mí. Quiero compartirla con quienes la conocieron a tra...