Epi en París
No sé si mi adicción a la serie de Netflix la contagió pero esta es la nueva temporada: Epi in Paris (sin tilde). Mientras yo practico turismo de aventura entre el mercado y la farmacia, dribleando en el tráfico, Epi —mi mano izquierda y derecha, la mujer práctica, trabajadora y con más sentido común que todos los ministros de Keiko juntos, ¡se fue! agarró maletas y se marchó a conocer mi ciudad favorita. No puedo estar más feliz por ella. Han pasado 50 años desde que con 14, se subió intrépida y asustada a un camión en su natal Ayacucho huyendo del terrorismo: el mes pasado dijo “Ahora me toca a mí”. Eso sí, debo confesar que su viaje me ha producido daños colaterales. Primero: la casa no se limpia sola. El polvo no tiene consideración por los viajeros ni por los que quedamos varados. Segundo: he descubierto que Epifania hacía muchas más cosas de las que yo alcanzaba a notar. Uno se acostumbra a que todo funcione y empieza a creer -...