Tía Peluca
Hay personas que nacen para pasar desapercibidas. Raquel hizo exactamente lo contrario. Llegaba con uno de esos peinados imposibles y hermosos que solo ella podía llevar con tanta naturalidad. Cada nuevo look era una declaración de principios: la vida es demasiado corta para peinarse igual todos los días. Era brillante, vibrante, generosa, intensamente viva. Una diva, sí, pero de las que no necesitaban escenario porque convertían cualquier rincón en uno. De ésas que iluminaban primero la mesa y luego toda la reunión. Fue dejando amigos y afecto por cada lugar donde vivió, como quien va sembrando pequeñas certezas de que el mundo todavía puede ser más cálido. Llámese Bogotá, París, Miami o su lindo Florianópolis. Querida tía Peluca, sigo guardando las fotos que me enviaste de tus viajes, cuando la vida era simple y las postales, de cartón. Hay ausencias que no hacen silencio. Hacen eco. Se meten en las conversaciones, en las fotos, en los recuerd...