Nido redecorado
Mi pequeña hija se marcha por un tiempo y, además de dejarme con una tristeza inmensa, pienso en paralelo, en mi nido vacío. Acabo de chatear con tres amigas a la vez, a las que también se les van los hijos. Es algo propio de mi sexagenaria generación. Sé que debería escribir un post valiente y luminoso sobre nuevos comienzos, pero hoy, sinceramente, primero debo admitir que duele y ¡mucho! Una parte de mi vida se despide aunque sé que así debe ser. Dicho esto, mi lado Grinch se niega a repetir las frasecitas hechas. Prefiero reirme un poco, as usual, y matar el mito de que una mujer deja de existir cuando deja de poner tuppers en mochilas ajenas. ¿Cómo llenar los vacíos, sin comprar cojines nuevos? existe toda una industria empeñada en convencernos de que el nido vacío es una tragedia que requiere de libros de autoayuda, retiros espirituales, talleres de cerámica y hasta de adopción de cachorros. Lo que sea para que no...