Mamá en línea
Día de la Madre. Esa fecha en que las tiendas me persiguen con licuadoras que ya no quiero usar y con blusas que no me cierran “porque mamá se lo merece”, ¡bah! yo solo quiero algo menos sofisticado: presencia. Carne y hueso. Risas en la cocina. Ese: mamá, ¿qué quieres que hagamos hoy? dicho desde mi sala y no desde otro huso horario. Este será probablemente el último Día de la Madre con mi cuarta hija físicamente presente antes de que los aviones, los estudios, las mudanzas y esa costumbre moderna de criar hijos para el mundo, hagan lo suyo. Qué tremenda contradicción la mía: pasarme la vida entera enseñándoles a volar… para luego quedarme mirando al cielo y preguntarme ¿y ahora qué michi hago con mi nido vacío? No quiero remesas para regalos por delivery. No necesito una cartera que cuesta lo mismo que una pequeña cirugía ni flores encargadas desde apps (mi consuerte todavía las escoge y las trae). Solo quiero retroceder el tiempo, que e...