El mundo en Mundial
Escribo antes de la Final. El Mundial no se juega en los estadios. Se juega en los grupos de WhatsApp (en los que pedí una opinión sobre una furibunda crítica al glorioso Messi y me mandaron a lavar platos). Se juega en las oficinas donde nadie trabaja cuando hay partido y en los bares donde toditos son técnicos o árbitros. Pero donde se juega y pierde es en ese rincón del cerebro donde la sensatez sale de vacaciones y la reemplaza la pasión más baja. Nos escandalizan las trampas de los jugadores, pero nos hacemos de la vista gorda cuando las comete nuestro equipo. ¡Curiosa moral! Los hinchas... ¡ayyy, los hinchas! Capaces de perder la voz alentando a un país que quizás nunca conocerán. Se pintan la cara, retiran su CTS para este descanso forzoso; asisten a la final y terminan sufriendo como si el destino de la humanidad dependiese de un penal después del minuto noventa. Mientras tanto, desde algún escritorio bacán, apa...