PERDÓN
Perdón. Así, sin rodeos ni metáforas para esconder lo evidente: Perdón por el desastre. Perdón por haber normalizado lo inaceptable. Por haber convertido la indignación en meme, el escándalo en costumbre y la corrupción en esa música de fondo que ya ni siquiera interrumpe el café con las amigas. Perdón por mirar titulares como quien oye llover: “hoy toca otro político implicado”, y seguir con el día. Como si nada. Perdón por haberles dejado un país donde la palabra liderazgo es un chiste de mal gusto y donde demasiados referentes públicos son, siendo generosos, éticamente flexibles. Ladrones con discurso. Amorales. Cínicos con prensa hecha a la medida de sus coimas. Piadosos, con quienes les conviene. Perdón porque se nos fue la exigencia. Y cuando uno deja de exigir, otros se encargan de llevarse en peso todo lo que pueden. Perdón por las tantas veces que elegimos mal. Y también por las veces que no elegimos nada, que es otra fo...