El fin del mundo

Existe una tradición democrática tan antigua como las mismas elecciones: despertarte al día siguiente convencido de que el país ha perdido completamente la cabeza. Cada proceso electoral deja dos grupos bien definidos. Los que celebran como si hubieran ganado el Mundial y los que miran los resultados preguntándose si por error se han publicado  datos de otro planeta. Si estás en el segundo grupo, probablemente hayas pasado por las etapas habituales: incredulidad, rabia, discusión en redes sociales, resignación y, finalmente, cansancio y pesimismo.

Lo curioso es que cada elección produce exactamente la misma reacción, sin importar quién gane. La mitad del país cree que acaba de comenzar la era dorada. La otra mitad está convencida de que estamos al borde del apocalipsis.

 Muchos descubren cada cinco años que la democracia incluye a otras personas. 

Uno estudia propuestas, lee los resúmenes de los  planes de gobierno, escucha debates y llega a la conclusión de que la opción correcta es evidentemente la suya. Llegado el día votas y con el correr de las horas aparecen millones de ciudadanos que, inexplicablemente, hacen exactamente lo contrario. Te parece hasta ofensivo. No porque hayan votado distinto.  Lo ofensivo es que se atrevan a existir estadísticamente en cantidades taaaan grandes. De pronto descubres que tu burbuja social no era una muestra representativa del país. Era simplemente una burbuja: elegante, informada y razonable, por supuesto...pero burbuja al fin. 
Tras los resultados, abundan los pronósticos: ¡ Uffff, se acabó todo! ¡Ahora sí estamos fregados! ¡Este país no tiene remedio! Frases que aparecen con el flash electoral. 
El problema es que los seres humanos somos extraordinariamente malos prediciendo el futuro. Si fuéramos tan buenos, nadie habría comprado acciones equivocadas o elegido parejas incompatibles. 

 Las elecciones importan muchísimo. Pero también es cierto que el país sigue funcionando al día siguiente. Los micros circulan, las panaderías abren y tú tienes que ir a chambear. 
Las redes sociales tienen un modelo de negocio bien simple: mantenerte emocionalmente alterado. La indignación genera clics y los clics generan dinero. Apágalas por un momento para que tu ansiedad baje. 

La política es importante. Pero también lo son tu familia, tus amigos, tu salud mental, tu chamba y esa recatafila de cosas que has pospuesto porque estabas ocupado discutiendo con todo el mundo en internet. No es una traición a tus principios seguir viviendo. Si realmente te preocupa el rumbo del país, existen actividades más eficaces que escribir ¡nos fregamos! por vigésima vez en tus treinta historias. Participa en organizaciones, infórmate mejor, apoya causas concretas, involúcrate de veras. 

La democracia no es un evento. Es una actividad de mantenimiento continuo. Algo así como limpiar tu casa, excepto que nadie quiere hacerlo y todos se quejan cuando está sucia. 

Toma las cosas con humor: no eliminarás los problemas, pero impedirás que los problemas ocupen tu cabeza. Si los resultados te han desanimado, tu decepción es real. Pero también es cierto que millones de personas votaron sinceramente por una opción distinta. No necesariamente porque sean ignorantes, manipulados o insensatos. A veces es porque tienen experiencias, prioridades y miedos diferentes. Entender eso no obliga a estar de acuerdo. 

Si tu candidato perdió, hoy probablemente sientas frustración. Está bien, pero mañana seguirá habiendo trabajo que hacer, conversaciones que tener y una vida que vivir. La historia rara vez termina en una noche electoral, por mucho que algunos canales de TV intenten venderla como el capítulo final de la civilización. 
Respira. 
Reflexiona. 
Mira a tu alrededor. 
El mundo sigue ahí: imperfecto, contradictorio, exasperante y lleno de gente que vota mal, según tu criterio. Exactamente igual que ayer. Y, para bien o para mal ¡eso también es democracia!

Comentarios

  1. Muy mesurado como para calmar a todos. Gracias. Es necesario.

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  2. Como bien escribes: la mitad está contenta y la otra mitad, triste. Ahora a seguir remando todos por nuestro Perú.

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  3. Un país polarizado y una elección entre dos sujetos a los que nadie quiere.

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  4. Tan cierto como real. El mundo sigue andando y hay que seguir remando.

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  5. A seguir viviendo y disfrutando de lo
    Que queremos en Paz !!!!❤️ Monica Bay

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  6. Como siempre, das en el clavo con los temas de coyuntura. Te felicito Rox

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  7. Qué te puedo decir Rox??? Desde niña escuchaba en casa lo mismo; cuando voté por 1era vez, joven de 18 años, con el ímpetu de querer un super futuro, estudiante universitaria, con miles de proyectos y ganas de un Perú próspero y hoy tras años, ya sólo queda resignación, temor, y bueno seguir para adelante, esperando que mi hijo termine su carrera y pueda irse, con mucha pena para mí, pero por su bién a volar en busca de un futuro.
    Un abrazo.

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  8. Así es, la vida continúa ! 💪🏻

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  9. Cierto Bochi. De acuerdo contigo. Seguir laborando para producir y vivir dignamente.

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  10. Querida Roxanita, tu reflexión acerca de las elecciones tiene mucha certeza ! Te felicito por compartir tanta verdad!

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  11. No siempre es así, la desgracia de Venezuela, un país que solo podría vivir del petróleo y encima tiene otras riquezas naturales lo demuestra. Bolivia seguirá en la pobreza por decenas de años más. Argentina igual. No debemos ser tan ingenuos y decir que la vida sigue. Claro que sigue pero pregúntale a los venezolanos migrantes en qué condiciones.

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  12. Completamente de acuerdo 👍. Somos un país con distintas realidades y nos falta más empatía y Unión !!

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  13. Sí, más empatía, unión y respeto

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  14. De acuerdo contigo! La vida continua ... no estemos a la expectativa de quien gana o no... podemos actuar y ser mejores ciudadanos !!! Erica

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