Pilar 1, Pilar 2


Mis dos pilares, esas columnas que me han sostenido tal cual —gorda y pesada, preguntona y eléctrica— están malitas. No se han erosionado al punto de derrumbarse, pero ha bastado que ingrese algo de humedad para que se rajen.  Empiezan a doler los años. Se sienten mal. Puedo hacer un paralelo entre ellos, aunque existan cuatro décadas de distancia. 

El cuerpo es sabio: te habla y, si te haces el sordo, te grita. No siempre hacemos caso a las señales porque seguimos estando medianamente fuertes, alguito poderosos, casi jóvenes. Pero, aunque nuestra cáscara —con cremas antienvejecimiento— pretenda hacernos sentir de menos edad, es el calendario, con todos los años transcurridos, el que manda. No hay manera de saltearnos meses o de contarlos de tres en tres. No podemos borrar de un tachón un pedazo de vida ya vivida. Créanme. 

He aprendido un par de cositas en esta malhadada semana. El cerebro se empieza a reducir pasada nuestra pila de años… No significa volvernos más lerdos, ojo. Quiere decir que, en esa ligera reducción de volumen, un golpe se siente, retumba más. Tal como me lo explicó el neurocirujano: es como meter dentro de una caja una pelotita que, con cada sacudida, rebotará por todos lados; cuando la pelota es más grande no tiene tanto espacio para moverse. Entendiendo que uno es el cráneo y el otro, el cerebro. Esas rajaduras, producto de los golpes, sangran. Peligro. Hay que tener mucho cuidado con caídas, golpes y sacudones de cualquier índole. En el caso de mi consuerte de las olas. Felizmente, Dios le dijo: “Quédate abajo, todavía tienes que ir por pizzas con tu Pacman”, y pudo salir del mar. ¡A tenerle mucho respeto!
En el caso de mi otro pilar: infecciones debido a la senescencia (de ahí mi nombre) del sistema inmunitario. ¿Qué quiere decir en cristiano? Que ese sistema inmune también envejece y nos defiende menos contra virus y bacterias. No sé más al respecto. En una semana mis alumnos de medicina me enseñarán en el nuevo ciclo que arranca.

Solo sé que mi mundo se ha desmoronado un poco. Siento miedo.
Me siento más aturdida que de costumbre. 
Solo quisiera, con toda el alma, que la vida retrocediese apenas diez días para que nada de ésto hubiera sucedido. 
Pero también he reaprendido algo que no se me debe olvidar: la vida continúa y, mientras hay vida, hay esperanza. 
Sé que la próxima semana mi planeta —que gira en torno a Pilar 1 y Pilar 2 (aparte de mis critters, obviamente)— volverá a orbitar entre la luna de Paita y el sol de Colán. Y cuando eso pase, cuando vuelva a encontrar ese pequeño equilibrio que he perdido, sabré —otra vez— que sigo aquí… 
Por ahora solo pido oraciones y buenas vibras a mis escasos lectores.

Les agradezco a toditos nuestros amigos las tremendas muestras de
aprecio!!

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