Los ojos de mamá
(En la foto: la escritora de nombre impronunciable.
El libro: El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes).
Después llegan otros amores y uno los elige con la misma precisión con la que una brújula malograda señala el precipicio similar. Confundimos intensidad con cariño.
Pero un buen día descubres que no naciste para mendigar afectos. Que la infancia explica muchas grietas, aunque no debiera decidir la arquitectura de toda tu vida. Y entonces empieza el verdadero acto de amor: dejar de buscar en otros el abrazo que, por fin, decides darte a ti mismo. Quizá esa sea la única herencia que realmente merece la pena cambiar.
Acabo de cerrar la última hoja de un libro duro, de tremenda destreza narrativa, de una escritora que ni recuerdo ni puedo pronunciar su apellido rumano. Un compendio de resentimiento y perdón. Brutal: me ha golpeado la cabeza y me ha invitado a mirar más allá de la superficie, como solemos hacer con lo que no nos gusta.
Antes de juzgar a quien bebe demasiado, ama demasiado, trabaja hasta romperse el lomo, compra lo que no necesita o huye de sí mismo de mil maneras distintas -que cada quien puede descubrir en su manera de actuar y ver el mundo- quizá convendría preguntarse qué intenta silenciar. Porque nadie convierte un exceso en refugio si antes no ha sentido un peso que le muele las espaldas. Un frío imposible de soportar.
Somos expertos en señalar la adicción, el vaso, el error o el escándalo, pero mucho menos hábiles para ver la tristeza que los sostiene. No nos detenemos a pensar que, detrás de algunas conductas que criticamos, hay un niño que nunca aprendió a sentirse suficiente o un adulto que lleva demasiado tiempo sobreviviendo.
Ojito, ojito que eso no significa que todo deba justificarse. No. El dolor no te da permiso de herir a otros. Pero comprender siempre será más humano que condenar.
Quizá todos libramos una batalla que se nota menos de lo que imaginamos. Y tal vez, si cambiáramos un poco el juicio severo y nadita cristiano por el de la compasión, descubriríamos que muchas personas no necesitan un dedo señalándolas, sino una mirada que, por una vez, no las haga sentir más solas.
Erradiquemos la fea costumbre de pedir empatía cuando nos rompemos y sentenciar de por vida cuando se rompe el de enfrente.
A veces, con un acto de bondad puedes cambiar la vida de una persona.

Rox querida, siempre precisa con esa pluma que te acompaña tan bien, desde que te conozco🩵
ResponderEliminarReflexivo. Muy bueno.
ResponderEliminarExcelente. Como siempre te deja pensando y meditando en cada línea. Eres una campeona Bochi.
ResponderEliminarQué hermosa reflexión, eso se logra con la madurés, la sensibilidad y un gran trabajo de reflexión interna. Precioso escrito, muchas gracias!
ResponderEliminarMuy bueno👏👏👏
ResponderEliminarQué belleza de texto
ResponderEliminarMe encantó hasta apunté la frase … comprender es más humano que condenar
ResponderEliminarUna capa eres
Me gusta eso de "comprender será más humano que condenar". Leeré el libro. Gracias Rox.
ResponderEliminarCada vez mejor mi amiga linda
ResponderEliminarME ENCANTO, COMO SIEMPRE SUPER ACERTADA EN TUS ESCRITOS.SI MUCHAS VECES COMETEMOS ERRORES EN PREJUZGAR,
ResponderEliminarSIN SABER SIQUIERA SU INFANCIA DE ESA PERSONA.
INDUDABLEMENTE QUE NO SE TRATA DE JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE.
GRACIAS ROXANITA🌷💝 EXCELENTES ESCRITOS.
Siempre es bueno tocar estos temas y sensibilzar a la gente
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