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Mostrando entradas de enero, 2026

Con M de maja

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Madrid  es excesiva,  contradictoria y encantadora.  Puede ser ruidosa y alguito caótica.  Pero también es generosa y súper viva. Con terrazas siempre llenas y vibrantes. ¡Qué importa que llueva como ducha o que caiga nieve y haga un frío de los mil diablos! Todo se soluciona con un chocolate caliente bien espeso, con una caña bien helada o si prefieres con una copa de buen tinto, al mismo precio que una Coca-Cola.  Madrid es una ciudad que se explica mejor caminándola. He andado, en promedio, 20 mil pasos diarios, con tranquilidad, sintiéndome segura...no nos emocionemos: no he bajado un gramo por culpa del jamón serrano, de las croquetas y los churros... paro de contar. He ido en auto con mi hija que se desenvuelve a las mil maravillas y que entiende dónde estacionar por colores y cómo pagar.  He subido al Metro, ordenado y puntual. También he viajado en Uber, perfumado, seguro y económico...si no lo traduzco a soles... He admirado...

Crónicas reales

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Tengo que escribirlo ya, porque si espero  mi regreso a casa no recordaré ni por dónde anduve. La memoria también se cansa de tanta piedra ilustre.  Aun cuando soy contraria a las realezas, he visitado y me he quedado entre bizca y ciega por la magnificencia, por el brillo, por ese lujo decadente y por el desborde inútil de opulencia. El exceso me irrita, pero también me hipnotiza.  Los Palacios Reales de Madrid (varios diseñados por el arquitecto Sabatini) te hablan de poder y te lo restriegan en la cara. Te hablan de arte y de memoria colectiva… excepto de la mía, que se distrae con una cornisa, se pierde en un techo y se acuerda de cosas que no estaban en el guion. Ingresé al primer palacio real sabiendo que habría excesos, silencios opresivos, descripciones interminables, salones y jardines escritos en mayúsculas. ¡Me quedé corta! Yo, ilusa, que pensaba que después de Versalles lo había visto todo... Los palacios de Madrid no se recorren: se leen. Son un mismo...

Sábanas blancas

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..."Estoy en un lugar desconocido, bello pero extraño para mí. Una blanca inmensidad que me genera sensaciones mágicas. Plenitud y soledad.  Los árboles desnudos,  propios de esta temporada, dejan algo tétrico el ambiente”... así empezaba una publicación mía, exactamente un año atrás. Por esas coincidencias que tiene la vida, nuevamente me encuentro en un lugar parecido, pero en otro lado del mapamundi. A veces necesitas que alguien te saque de tu zona de confort, de tus viajes con destinos habituales y te aventures más allá, hacia lugares de los que solo habías oído vaguísimas referencias: Rumanía.  Capital Bucarest. Sabía de Transilvania y Drácula. Su lengua es romance o latina. Tierra de la famosa gimnasta de mi chiquititud, Nadia Comaneci. Es decir fui casi con los ojos vendados.  Pues hasta ahí llegamos.  De golpe sentí harta seriedad. Gente amable y hospitalaria,  pero en extremo serios. ¿Estarán molestos? pensaba. No. Son así de serios. ¿...