Crónicas reales
Tengo que escribirlo ya, porque si espero mi regreso a casa no recordaré ni por dónde anduve. La memoria también se cansa de tanta piedra ilustre.
Aun cuando soy contraria a las realezas, he visitado y me he quedado entre bizca y ciega por la magnificencia, por el brillo, por ese lujo decadente y por el desborde inútil de opulencia. El exceso me irrita, pero también me hipnotiza.
Los Palacios Reales de Madrid (varios diseñados por el arquitecto Sabatini) te hablan de poder y te lo restriegan en la cara. Te hablan de arte y de memoria colectiva… excepto de la mía, que se distrae con una cornisa, se pierde en un techo y se acuerda de cosas que no estaban en el guion.
Ingresé al primer palacio real sabiendo que habría excesos, silencios opresivos, descripciones interminables, salones y jardines escritos en mayúsculas. ¡Me quedé corta! Yo, ilusa, que pensaba que después de Versalles lo había visto todo...
Los palacios de Madrid no se recorren: se leen. Son un mismo libro con varios capítulos, todos obsesionados con la misma pregunta: cómo verse inmensos sin pedir disculpas.
El Palacio Real de Madrid abre la historia sin pudor ni vergüenza. No conoce la modestia y no parece interesado en aprenderla. Todo es grande, brillante y excesivo, y te apabulla porque te vuelve irrelevante. Los techos no están hechos para mirarse con prisa y los pasillos infinitos parecen diseñados para recordarnos —por si se nos olvida— lo chiquitosos que somos. Hay algo deliberadamente teatral en tanto mármol y alfombra, en esos cortinajes que se descorren no para mostrarte actores, sino objetos solemnes, muy seguros de su importancia. El edificio sabe que su rol es impresionar y lo interpreta con una profesionalidad que asusta.
El Escorial cambia el tono, pero no la ambición. Aquí el lujo decidió vestirse de luto...por algo está enterrada casi toda la monarquía española...
Nada brilla y, sin embargo, todo pesa. La ironía es elegante y persistente: incluso la austeridad, cuando es absoluta, termina siendo una forma de ostentación.
El Escorial no seduce ni pretende hacerlo. Convence. Te coloca en tu sitio y te deja ahí, en silencio, frente a la geometría y la obediencia.
Aranjuez introduce un descanso en esta narración algo tiránica. Su palacio y sus jardines parecen menos interesados en gobernar que en acompañar al paisaje. Las aguas del Tajo suavizan la historia y los paseos invitan a creer que el poder, por temporadas, intentó ser alguito amable. Aquí la corte se vuelve estacional, casi humana, y uno puede imaginarla convencida de que la vida era pasear, conversar y dejar pasar el tiempo. Tengo que decir que —literalmente— me quedé con la boca abierta varios minutos en el salón de porcelana. No sé si se llame así, pero la porcelana cubría techos, paredes, mamparas, lámparas y columnas. Yo solo pensaba en una vajilla pequeña, del mismo material, que mi mami cuidaba como oro en polvo. Dos mundos separados por siglos.
El Pardo agrega otra capa, menos decorativa y bastante más incómoda. Nacido como residencia de caza y retiro, comparte con Aranjuez cierta distancia de la gran escena cortesana. Pero su historia lo empuja sin remedio hacia el siglo XX y hacia la figura del temible dictador -como todos los dictadores- Francisco Franco, que lo habitó como residencia oficial. Aquí el poder deja de ser remoto y se vuelve cercano, cotidiano y perturbador. Ya no hay coronas: hay decisiones. Malas decisiones.
Vistos en conjunto, estos palacios no son monumentos aislados, sino variaciones insistentes sobre una misma idea: cómo el poder se mira al espejo y se gusta. A veces deslumbrante, a veces severo, muchas veces incómodo, siempre apabullante.
Podemos recorrerlos con ironía, con una admiración controlada o con la distancia que da saber que nada de esto nos pertenece. Fueron excesivos, sí, pero también hay que admitirlo: la belleza —incluso cuando nace del abuso— nos llama poderosamente la atención. Quizá por eso seguimos entrando en ellos, despacio, como lectores reincidentes que ya conocen el final de la historia, pero vuelven igual, solo para mirar… y discutir en silencio su utilidad.
Qué bien descrito amiga mía, una vez más tu pluma no solo describe, sino también interpreta de una forma brillante!!!
ResponderEliminarQué bien descrito amiga mía, una vez más, tu pluma no solo describe, sino que interpreta de una forma brillante!!
ResponderEliminarLas imponentes imágenes de lo mostrado, tal cual tú lo muestras, definitivamente son HERMOSAS!,
ResponderEliminarOrgulloso de mi amiga Roxana, de su verbo que madura y fluye con cada prosa que tira al mar. Felicitaciones Rox !!!
ResponderEliminarEs un privilegio que hayas efectuado este gran recorrido por Palacios Reales, de los que fueron y creo yo ya no se repetirán, demasiado elegantes y lujosos, donde los valores y objetivos eran muy distintos a los actuales.
ResponderEliminarMe imagino estar allí
ResponderEliminarLas palabras y las fotos, todo muy bien seleccionado. Qué lujo de lectura y de lugares. Gracias mil.
ResponderEliminarMajestuoso. Todo, incluyendo el texto claro está.
ResponderEliminarTop top. Mejorando y mejorando no sé hasta dónde quieres llegar amiga linda
ResponderEliminarNo veo los créditos de la fotógrafa! Lindo escrito, ancianita
ResponderEliminarwooow, una belleza en el texto y perfecto en la narración...
ResponderEliminarYo no conozco esos sitios reales, pero al leer esta magnífica descripción, creo que los acabo de visitar y hasta los puedo oler...
Las fotos son espléndidas y muy bien escogidas...
MIL GRACIAS!!!
Me has trasladado a todos y cada uno de esos palacios con la fuerza de tus sentimientos de admiración y respeto. Gracias.
ResponderEliminarQué profunda reflexión y qué bien narrada !!
ResponderEliminarConozco todos esos lugares y pude apreciar la belleza y arte de cada lugar y otros mas gracias a Dios se puede apreciar los dones de los artistas de la época
ResponderEliminarROXANITA,QUERIDA TU SIEMPRE SORPRENDIENDOME.
ResponderEliminarGRACIAS POR COMPARTIR HERMOSAS BELLEZAS.
SOBRE TODO POR LA SUPER ILUSTRACIÓN QUE DAS. BENDICIONES 🙌🏻🌷
Muy bien escrito y q zambullida de palacios!!
ResponderEliminarLos conocí y los admiré. Me provoca volver solo por tu relato.
ResponderEliminarChica viajera, cuántos aprendizajes para deleitarnos con tu pluma. Gracias totales
Muy bien descrito Bochi !!! Monica Bay
ResponderEliminar"Salve a la Reina" 👸
ResponderEliminarExcelente Bochi
ResponderEliminarSiempre es un privilegio leerte mi querida Bochy, cada relato tuyo nos transporta, nos lleva al sitio mismo, y sí, son imponentes, yo he tenido el gusto de conocer algunos por mi paso por España.
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