Varguitas y yo
Lo conocí por mi mami, quien se enorgullecía tremendamente de haber estudiado la misma carrera, en las mismísimas aulas de la Casona, con los mismos brillantes profesores, sentada en su vieja carpeta. No cuadran las fechas pero elijo creer que es cierto. Me fue presentando una a una sus primeras veinte novelas, hasta que la memoria le flaqueó. Leerlo de joven era adentrarme en la selva, oyendo los relatos fantásticos del Hablador o escapar, como alma que lleva al diablo, de Judas. Era caminar sedienta por el sertao en busca de algo que hasta ahora no encuentro. Era la perdición de Otilia o de la Brasileña. Quizás de la Pies Dorados. Era la sensualidad, la banalidad y la dicha. Era meterme en la TV y detestar a los Genaros, que loqueaban al Escribidor, o quizás era el Escribidor que se loqueaba solo con los personajes en sus radionovelas. Fueron mis pesadillas y la urticaria que sentía por ese malsano dictador, como lo son todos los dictadores, Trujillo. F...