cielo de algodón
He Llegado sin saber cómo: mi consuerte me llamó por teléfono, cuando estaba en clase, y me dijo: “he conseguido pasajes y hotel para Puno: nos vamos por Semana Santa”. No tuve tiempo de emocionarme mucho ya que debía organizar el viaje.
Pues aquí estoy, a casi 4000 mts. de altura, congelándome, entre los 3 y 8 grados, en un clima seco que hace sangrar mis fosas nasales.
Puno no me sorprende por sus edificaciones (después del Cusco, nada es igual): me sorprende por su gente recia. Tremendamente fuerte.
Puno me sorprende cuando llego a Uros, esa isla flotante, inconcebible, donde viven en estado de pobreza extrema, muchas familias. Varios niños corretean, con las sonrisas más grandes que he visto y pienso que a tierna edad, no parecen necesitar más. Yo no podría pasar más de un día ahí flotando, aun teniendo los más hermosos amaneceres viendo el lago. Pero sí que me pasaría una semana entera sintiendo la paz y la sensación de sosiego que te produce solo observar el Titicaca, desde la ventana de mi hotel.
Volviendo a los Uros: al caminar siento cómo se mueve el piso y pienso que podría hundirse por mi peso, pero no, aguanta a decenas de turistas que pululan por cabañas bastante pequeñas, husmeando detalles y comprando artesanías. Solo compré imanes para la refrigeradora, por lo que me persiguieron prácticamente hasta mi embarcación para que adquiera más recuerditos pues "de eso viven".
Luego de la bienvenida y explicación turística de rigor, dada por el presidente de la comunidad, te ofrecen un paseo en sus "Mercedes Benz" o "Ferraris" como les llaman a las embarcaciones hechas de totora, que tienen estacionadas en cada isla, listas para llevarte de paseo por 20 minutos, a solo 15 soles. Como comprenderán después de navegar un par de horas (50 soles), no me provoca mucho que digamos embarcarme otra vez, pero ahí están los pobladores para subirte casi en peso porque "de eso viven".
A cada paso en la pequeña isla flotante hecha con las raíces y ramas de totora, remarcan el hecho de que compremos souvenirs y me siento un poquito agobiada. (añadiré que la única vez que he sentido tamaña insistencia con el tema de compras o donación de dinero, ha sido en las playas de Varadero, donde los vendedores de habanos, por ejemplo, llegaban hasta el medio del mar, donde yo chapaleaba -dizque con estilo- ofreciendo sus productos).
Fuera de esos pequeños episodios que sucedían en cada isla flotante que visitamos, el saldo de la visita es positivo.
Fuimos a una isla natural, Amantani, bella, organizada y limpia por sus cuatro costados. Admirar -como lo haría ante una obra de arte- ese cielo azul, tan lleno de algodones blanquísimos, a los que llamaremos nubes, es algo que no tiene precio.
Sin ser experta en turismo encuentro dos problemas:
Han empezado a ingresar motos a las islas naturales, para trasladar sacos de víveres o turistas que pagan por hospedarse en las humildes casas de los lugareños, por lo que ya se han producido accidentes.
En las embarcaciones que surcan el Titicaca, llevando y trayendo a cientos de turistas (negocio donde se mueven miles de dólares diarios), ningún guía ofrece un solo chaleco salvavidas, que debería ser de uso obligatorio. El lago sinfín, aparentemente apacible, tiene olas que samaquean nuestra embarcación, cuando regresamos de Amantani ya oscuro. Mi bote, por ejemplo, contaba solo con ocho chalecos, para una treintena de pasajeros. Ya se han chocado y volcado unas pocas embarcaciones, nos refieren, por lo que alguna autoridad debe entrar a “organizar la casa” de manera profesional, antes que se produzca alguna fatalidad y el millonario negocio turístico se les vaya al hoyo.
Puno tiene a los Aymaras, gente tremendamente aguerrida que debió cavar casi a mano sus tierras -en ese frío que cala huesos- para proveerse de alimento. Recién comprendo las mil polleras que visten las mujeres, intentando aplacar las heladas.
Esos Aymaras que honran a la naturaleza y que, para sobrevivir, debieron organizarse en comunidades para dividirse las funciones y el trabajo. Dos guías nos comentaron que cuando algún miembro de una comunidad no cumple con sus obligaciones pues simplemente con un tremendo serrucho, cortan su pedazo de totora, para que el malcriado se vaya flotando solo.
Esta vez me supo a gloria la sopa de quinua, la trucha y el queso frito.
Veo a varios lugareños mordisquear la raíz de la totora: es dulce...como sus niños…
¡Qué bello!! Realmente impresionante cómo pueden vivir en esas condiciones. Abrazos ❤️
ResponderEliminarDa muchas ganas de conocer Puno con tu relato, gracias.
ResponderEliminarTocará ir a Puno a corroborar lo narrado. Gracias, mi Roxi viajera.
ResponderEliminarRoxi que suerte tienes y que valor para ir a esos lugares poco seguros.
ResponderEliminarVale la pena y felicito a los valientes que arriesgan mucho para admirar en situ la belleza de la naturaleza ... Pero yo paso.
Un abrazo
Que belleza. Mucho Frío
ResponderEliminarQué maravilla de lugar! Es una pena que el ingreso por turismo no llegue lo suficiente a sus habitantes.x
ResponderEliminarPuno es un destino al que no he llegado aún. Subí caminando a los casi 5 msnm en Huaraz, pero eso fue cuando estaba en mis 30 y fitness jajajajajaja… Tendré que entrenar un poco para lograr la capacidad pulmonar necesaria en Puno. Gracias por el relato!
Muy lindos paisasjes ....un orgullo de nuestro Perú
ResponderEliminarExcelente
ResponderEliminarProvoca ir. No tengo conocimiento del queso frito pero sí del queso helado.
ResponderEliminarUna prosa fesca que invita a leerla...
ResponderEliminarQué bella experiencia, pero te cuento que cuando fuimos de viaje de promo del eterno calor de Piura a Cusco, Puno y Arequipa ; en Puno varias la pasamos muy mal, 😔 entre la altura y el frío nos chocó muchísimo, me dió pena porque me la pasé en el hotel
ResponderEliminarQué bella experiencia. Espero poder visitar Puno, antes que ya no pueda resistir ni la altura ni el frío.
ResponderEliminarMuy bonito tu relato sobre Puno y las totoras, no sabía que se usaba la palabra 'Chapalear" sabes que viene de la palabra Chapala que es el nombre del lago más grande de México?
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