Los nuevos ochentas


La vejez es cada vez más larga. La OMS, en su capítulo "envejecimiento y salud" la ha reclasificado de acuerdo a nuevos rangos de edades, por lo que el lapso considerado como ancianidad, recién inicia a los ochenta años, con una denominación bastante precisa: “grandes longevos”. Esto sucede debido a que la esperanza de vida ha aumentado en más de treinta años, si la comparamos con la de nuestros abuelos.   

A pesar de esta gran revolución en la  longevidad, aún existen personas que siguen considerando el envejecimiento como una enfermedad cuyo paradigma es el de un arco, en el que tenemos la base -nuestros inicios-  y se va ascendiendo hasta alcanzar la cima, desde la que empezará un descenso hacia el deterioro final, que podríamos considerar como nuestro último acto, hacia la decrepitud.

Aún se piensa en la ancianidad como una patología, a pesar que muchos científicos y filósofos denominan  este periodo como el de mayor alcance de productividad y eficiencia mental. Cada vez  encontramos  más personas laboralmente activas, con desempeños óptimos y ejemplares, pues ya no competimos con nuestros pares por un ascenso, no tenemos tanta necesidad de bienes materiales y tenemos la gran ventaja de toda una vida asumida  con responsabilidad. Hay otro grupo, que no la pasa tan bien pues en ellos se dan los típicos problemas  de la senectud, a saber: vivienda, salud y cuidados.

Es en esta etapa que empiezan a producirse uno que otro pequeño reto: las largas caminatas, por ejemplo, que antes debíamos realizar para evitar el sedentarismo, deberán acortarse para no alejarnos mucho de casa y correr el riesgo de no encontrarla de regreso.

Empecemos a visualizar esta etapa ya no como el consabido arco sino como una escalera (la misma que nos produce problemas articulares al ascender cada peldaño). Esa escalera nos puede servir como un estímulo al retarnos. Al ascender hacia esa cima, sentiremos menos estrés y ansiedad que en nuestros años mozos, pues no tenemos la aprensión por alcanzar logros y por probar nuestra capacidad a otros. Nadie espera mucho de  un anciano.

Muchas personas mayores se sienten más felices que cuando jóvenes.  Obviamente, la genética puede dictaminar algo diferente;  un poco de suerte y la situación económica, también. Pero un buen grupo de esa población, se sentirá logrado y podrá utilizar esta última etapa para desarrollar más sabiduría y paz mental.

Inevitablemente, todo empieza a decaer en nuestro cuerpo, con el paso de los años. Lo único que no lo hará, producto de la gravedad, algo que dependerá enteramente de nosotros, será el espíritu, el cual puede evolucionar con autenticidad, rectitud y sabiduría. Ni siquiera es necesario tener el cuerpo en forma para conseguirlo.

Jane Fonda (82), menciona en su "tercer acto de la vida" a Neil Selinger, escritor que afirmó, tras enfrentar una penosa enfermedad degenerativa a los 57 años: “mis músculos se debilitan pero mis escritos se vuelven más potentes. Mientras voy perdiendo el habla, encuentro mi voz. Disminuyo en altura, pero crezco como ser humano”.

Es en esta etapa en que podemos empezar a saldar todas las cuentas que hayan quedado pendientes en nuestra vida. Todos nacemos con un espíritu que, debido a múltiples temas que cada uno carga consigo, pueda no haberse desarrollado a plenitud. Quizás hemos cuestionado acciones pasadas y hemos sido jueces implacables, con nosotros y con los nuestros.

Es en esta etapa que debemos realizar una revisión retrospectiva de nuestra vida para entender esos eventos que nos marcaron a fuego. Investigaciones médicas señalan que esta relación con el pasado tiene repercusiones neurológicas que, dependiendo de cuán negativas hayan sido, enviarán señales eléctricas al cerebro que incidirán directamente en nuestra salud.

 Si revisamos nuestro pasado con una actitud positiva, nos daremos cuenta que todo lo que pasó debió suceder en nuestra vida y no hay nada que logremos lamentándonos. Ese encono visceral solo corroe almas e hígados. Sucedió lo que debía suceder. Al entender y asimilarlo, podremos seguir avanzando pues nos habremos liberado de ese lastre, quizás agobiante, y recién -en ese momento-  seremos capaces de decidir cómo queremos vivir nuestros últimos años, sin importar cuán enteros estemos, físicamente. Lo único que debe permanecer fuerte es nuestro espíritu.

 

 


Comentarios

  1. Muy buen artículo, gracias por compartirlo.

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  2. Excelente. Lo compartiré con los mayores alrededor mío. De acuerdo a la OMS, casi no he nacido.

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  3. Muchos temas por entender en este excelente post. Gracias

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  4. Concuerdo totalmente con esta nota. Pienso que nuestro metabolismo puede y de hecho cambiará con el transcurso de los años pero nuestro espíritu con actitud positiva lograremos alcanzar cualquier peldaño.

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  5. La escalera hacia el cielo debe ser subida sin ninguna carga.
    Muy bueno!

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  6. Cuanta verdad encierra cto he leido realmente nos hace reflexionar pues a veces nonos damos cta de nuestra edad pero seguimos jovenes en espiritu y en nuestra alma.Este mensaje es realmente para reelerlo

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  7. Tal parece que el espíritu es lo último que nos deja. De allí la importancia de llenarnos de buenos recuerdos y de alimentar el amor a la meditación y la necesidad de seguir viviendo positivamente, a pesar de diferentes limitaciones físicas y/ o mentales. Es importante mantener un espíritu alegre y jovial porque al final de cuentas es lo que más necesitamos durante nuestra etapa final. Gracias por hacernos reflexionar, Bochi!!💚

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  8. Da mucho que pensar. Debemos reflexionar sobre cómo vivir nuestra última etapa.

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  9. Mucha reflexión y enriquecimiento. En total acuerdo con lo dicho. Gracias.

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  10. Nuestra generación y la de nuestros padres son muy diferentes, no solo por la mayor esperanza de vida. Lo que debe ser igual es esa grandeza de espíritu, que describes muy bien.
    Gracias por compartir tus pensamientos, Senescienta.

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    1. Excelente artículo que nos hace reflexionar lo que nos espera en nuestra última etapa de vida que puede ser muy fructífera, si tenemos suerte de llegar.

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  11. Me encantó tu escrito acerca de la última etapa, que puede ser la más fructífera, en sabiduría y fortaleza de espíritu, si analizamos que lo que sucedió en el pasado, es lo que debía suceder dadas las circunstancias en ese momento y el aceptarlo, hará que nuestro pensamiento sea positivo, lo que nos hará más felices y por lo tanto más saludables.

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